Björk: La duende con voz de sirena

Expectativas más que satisfechas. Sudor desenfrenado a torrentes. Saltos frenéticos sobre toques trip hop. Melodía hipnotizadoras por la voz de una ninfa llegada de la remota y volcánica Islandia, son algunas frases que vienen a la mente después de disfrutar la soberbia presentación de Björk Guðmundsdóttir en Lima.

El de anoche fue un espectáculo soberbio donde la mujer, la intérprete, la artista, se impuso sobre la parafernalia tecnológica de un admirado Roger Waters, y que se convierte en el mayor referente de todos los conciertos de música moderna en nuestro país. La islandesa se supera así misma. Ni siquiera es una artista multimedia en escena. Salvo la pequeña pantalla ubicada en el sector del público en general, la presentación no tenía mayor base de
imágenes transmitidas. Todo el espectáculo fue ella, con esa voz que
no decayó en ningún momento, ni siquiera por los enérgicos movimientos de sus bailes o sus desquiciados sacudones de cabeza al momento de interpretar sus himnos. Era energía pura a pesar de sus 42 bien llevados y conservados años.

Todo se inició con enormes colas para ingresar al Vértice del Museo de la Nación. Lo curioso era que el sector mayoritario del público en general, ingresaba mucho más rápido que los sectores preferencial y VIP, lo cual demostraba, una vez más, el nivel de desorganización que siempre se presenta en esta clase de eventos.

Esta vez, nuestra ubicación era la zona VIP. En ella se encontraba una amplia gama de públicos: desde jóvenes veinteañeros que hablaban de la película Drawing restraint, dirigida por Matthew Barney, donde Björk tiene un rol (¿alguien sabe en dónde han proyectado esa película?), pasando por treinteañeros que esperaban el bailable Big time sensuality, hasta cuarentones que se confesaban admiradores de la artista por su "arriesgada propuesta musical" (populi dixit).

La cortina musical previa al concierto estuvo bastante simpática con algunas piezas de música de techno ambiental, de esas que ponen en los lounges miraflorinos y sirven de fondo para sostener una conversación.

Lo que más llamó la atención fue el último bloque musical, media hora antes del concierto: una suerte de piezas que mezclaban claves de bolero con voces ¿islandesas?, ¿japonesas?, ¿chinas? El idioma era ininteligible, pero muchos sospechábamos que era la clase de música que escucharía Björk en sus momentos de ocio y solaz.

El ambiente comenzó a calentarse por el calor de la masa que iba llenando el recinto, y la expectativa crecía a medida que los asistentes de producción comenzaron a colocar banderas rojas y
amarillas, a guisa de torneo medieval y con símbolos que se acercaban
a figuras formadas por llamas de fuego. Las pequeñas pruebas de luces provocaban silbatinas y gritos, la más insignificante presencia de
algún miembro del equipo generaba aplausos. El respetable pedía a la
diosa de la noche.

A las 9 y 5 minutos de la noche (tomamos nota de ello), se apagaron las luces y la gente asumió su papel: gritos destemplados, manos alzadas, celulares en ristre y empujones a granel. De pronto, un grupo de diez blondas chicas aparece en escena con instrumentos de viento que iban desde trombones hasta cornetas, ingresaron en fila, con sus largos mantos vistosos y vinchas tricolores, y se ubicaron a un costado del escenario en dos columnas para acompañar todo el concierto con su velo sonoro.
Fue entonces que la gran hechicera de la noche apareció. La ilusión se
hizo realidad cuando Björk, la misma que nos hizo llorar en Dancer in
the dark, la misma que nos hizo reír con su sacada de mierda a una
reportera tailandesa, la misma que fue víctima de una estúpida
agresión del inefable Charly García, aparecía en vivo y en directo,
aquí, en nuestra gris ciudad.

Earth intruders inició el show, y eso era de esperarse. Canción bastante cadenciosa y de fácil digestión, ideal para mover el esqueleto. La gente cantaba y saltaba, ya la excitación de la masa había llegado a su pico por la espera de su diva. Francamente ya no importaba el dolor de los pies por la cola, ni los empujones, ni lo antipática que resultó para algunos su actitud de no saludar a sus fans en el aeropuerto, ni la instalación medianamente apropiada para escuchar en su real dimensión la calidad de la voz y el sonido.

Björk demostraba en escena que es toda una "frontwoman" que llenaba con su persona el tablado completo a punta de movimientos enérgicos, con ese peculiar baile que conocíamos desde su video clip Violently happy, y esa deliciosa sonrisa de pícara niña sorprendida en una travesura. Difícil describir su ropa, que era una especie de vestido verde que simulaban alas de mariposa, con algunos toques y aplicaciones de rojo, además de una vincha en la frente con una cierta pedrería. Los detalles de la forma quedaron en las pupilas, pero el fondo de la presentación era lo más importaba en esta noche.

¿La anécdota? Pues todos lo sabemos. La señora Guðmundsdóttir se dirigió a la gente para pedir un favor. Y con un rostro adusto y tono serio de voz, dejó en claro que no le gustan las cámaras (supongo que los disparos del flash). "Disfruten del show, quiero ver sus caras, para eso he venido, si no puedo ver sus caras nos iremos temprano a casa". Sentimos sus palabras como un regaño, la reprimenda de una madre a nosotros, sus hijos.

Prosiguieron canciones como Hunter, Cocoon, Pleasure is all mine, Joga, Who is it?, Army of me, Innocence, Bachelorette, I miss you, 5 years, Wanderlust, Hyperballad y Pluto, hasta que hubo el primer y único corte del concierto. Todas estas canciones fueron acompañadas por el conjunto de vientos que interpretaban las rubias elfas que trajo Björk, quienes simulaban en algunas canciones los movimientos de un robot, mientras que banderines rojos colocados en sus espaldas acompañaban cada gesto corporal.

Como ya es tradición en todo concierto, el público esperaba el retorno de la artista a la escena, y no se reanudó hasta varios minutos después, tras prolongados "Olé olé olé, Björk Björk" o
"Biooooojoooork, Biooooojoooork". El retorno de la islandesa y su
tropa desató nuevamente la locura.

Tras la presentación de sus músicos, Björk entonó The anchor song, que ha sido interpretada en una versión en español por la peruanísima Susana Baca, para finalmente culminar con la poderosa Declare independence, con la gente saltando en un gran marco de papel picado lanzado al aire, bañados en sudor e impregnados de los humos que circularon esa noche en el Vértice.

escrito por Julio Panduro

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Comentarios

"La ilusión se hizo realidad cuando Björk, la misma que nos hizo llorar en Dancer in the dark, la misma que nos hizo reír con su sacada de mierda a una reportera tailandesa, la misma que fue víctima de una estúpida agresión del inefable Charly García, aparecía en vivo y en directo, aquí, en nuestra gris ciudad."

O sea, si Charly Garcia le pega, es una inefable agresion, pero si ella le pega a una periodista, es una travesura, un cague de risa. Las dos son agresiones, y las dos son injustificables. Es mas, hasta la de Bjork honestamente me parece mas condenable, pero eso es bastante mas subjetivo.

Es medio off--topic el comentario, pero no se puede tener doble moral para juzgar las cosas. Y eso que por mi Charly Garcia se puede hacer ortear por toda la Seleccion de Panama en un hotel argentino con una bandeja de coca delante suyo. Es medio irrelevante, pero ese unico desliz en tu comentario le quita un poco de lucidez al mismo. Por otro lado, muy bien redactado y condensa tu opinion del concierto. Felicitaciones!

Bien, la verdad su voz me intriga, la palabra es exacta... ¡Me intriga!, para mi ella, Mylène Farmer y Sarah Brightman tienen las voces más bellas que he escuchado, la de Björk es muy fascinante, porque es suave y potente, es algo único, quizá parecida un poco a la de Eivør Pálsdóttir, pero porque Björk, supongo la ha influenciado a la feroesa, como sea el punto es que últimamente he dedicado más tiempo a encontrarle un sentido a sus canciones que son diferentes, es más me han dado ganas de asistir a un concierto de la islandesa.

Espero poder hacerlo, me gusta que no haya superproducciones que puedan en un momento mirarse falsas, en cambio verla por ejemplo en el palais de Bercy en Paris en 2003, a lado de su orquesta cantando Bachelorette, que a diferencia de otras presentaciones en el mismo palacio, resulta más austera y más cálida ... No se debe ser casi mágico.

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