Relájate, esto es Pohoda

Ya transcurrió más de una semana del Pohoda Festival, el evento más grande de Eslovaquia, aquel país de Europa Central que se encuentra ubicado en pleno corazón de Europa, entre Austria, Polonia, República Checa, Hungría y Ucrania. Tratar de encontrar una traducción para “Pohoda” no es fácil, pero podríamos decir que en español esa palabra significa “Relajo”, y vaya que este evento tiene estrecha relación con eso.

El Pohoda se realiza desde 1997 y desde entonces la asistencia se ha multiplicado quince veces, con apenas dos mil asistentes aquel año hasta poco más de treinta mil en el 2011.  A pesar del éxito de este evento, en el 2009 el Pohoda pasó su momento más difícil: unas estructuras se desprendieron por una fuerte tormenta matando a dos personas. Se pensó que era el fin del festival, pero a pesar del muy lamentable incidente la función continuó.
 
Este año el festival eslovaco sorprendió con Pulp, Portishead y Moby como cabeceras del evento, además de artistas de estilos tan diversos como Madness, la banda trip-hop inglesa Lamb, los mexicanos de Molotov o la cantante de música afroperuana Susana Baca. Obviamente, a diferencia del OFF Festival en Katowice, Polonia (evento eminentemente  “indie” éste), el Pohoda no tiene problemas en tener en escenarios en simultáneo a artistas que toquen reggae, trip-hop, salsa o ska; pero al igual que el OFF polaco, asistir al Pohoda es bastante asequible a comparación de otros festivales: apenas 60 € para ver a un centenar de artistas (en lo personal, ese monto justificaba largamente el ver solo a Pulp y Portishead, mis adorados de aquel evento).
 
Portishead en Eslovaquia
Portishead en el Pohoda Festival (Foto: Ján Kolčák)
 
El Pohoda se realiza en un sector del aeropuerto de Trencin, al noroeste de Eslovaquia. Esta pequeña ciudad está a una hora y media en tren de la capital, Bratislava (el pasaje ida y vuelta cuesta aproximadamente 10 €).  El lugar del evento es enorme y en él se ubican dos zonas de camping, varios escenarios (dos principales, dos medianos, y tres más pequeños), zonas de comida, aseos, Internet, juegos mecánicos, y stands de diferentes organizaciones y productos. Uno de los stands que más llamó mi atención fue el del Club Roi, que ofrecía camas para que los asistentes pudieran descansar. Como podrán imaginar, el lugar estaba siempre ocupado.
 
No estuve presente en la primera noche pero sí en la segunda en la cual tocaba Pulp. La banda inglesa se volvió a juntar este año luego de más de una década de pausa. El show, que duró una hora (como estaba estipulado en el programa del Festival) fue increíble. Jarvis Cocker volvió a demostrar el gran show man que es, bailando, tocándose, hablando constantemente con el público y viviendo a su manera cada una de las canciones. El concierto arrancó con Do You Remember The First Time?. Durante la primera parte del tema, una especie de cortina negra (pero que traslucía) separó a la banda del público. Allí estaban los cinco miembros de Pulp, incluyendo a la única mujer del grupo, la rubia Candida Doyle, y todos cantando a viva voz: 
 
Do you remember the first time?
I can't remember a worse time
 
El concierto fue un loquerío y la banda inglesa, que pisaba por primera vez esta tierra donde están "las mujeres más hermosas de todo el fucking planeta", como alguna vez escuché decir a alguien, se entregó totalmente y ofreció lo mejor de su repertorio, desde las toneras “Babies” y “Disco 200” hasta la hipnótica “This Is Hardcore”, la mejor del concierto, en mi opinión. Obviamente no podía faltar “Common People”, tema que cerró la mágica noche. 
 
Poco después del concierto de Pulp me trasladé al Runway Stage para ver a Lamb. Fue de lo mejor que vi en Pohoda. Allí estaba la enigmática Lou Rhodes, con su impresionante voz, manteniendo vivo el interés de la audiencia a pesar de las altas horas de la noche (el concierto comenzó pasada la una de la madrugada). La música de Lamb, mezcla de Portishead, Massive Attack y This Mortal Coil, hipnotizó durante poco más de una hora al respetable. No importó que una de las canciones fuera parada de improviso por un problema técnico (como en el segundo y último concierto de Soda Stereo en Lima) igual, la gente aplaudió a rabiar cada una de las canciones.
 
El último día del festival pasó bastante rápido. Por la tarde fui a ver a mi paisana Susana Baca que brindó un muy buen espectáculo (aunque no estoy seguro que muchos hayan entendido sus saludos y palabras en castellano – en Eslovaquia se habla el eslovaco y muchos jóvenes hablan el inglés, pero no tanto español) y sentí la nostalgia de aquel que está lejos de su tierra. Más tarde iría al Bazant Stage para ver al plato fuerte del evento, Portishead. Sobran las palabras para hablar de esta banda británica con más de veinte años de existencia. El sonido de la presentación fue sublime. Desde el punto de vista artístico, es irrelevante lo que yo tenga que decir. Los poco más de sesenta minutos que duró la presentación de esta enorme banda justificaron cada centavo invertido en el ticket del Festival. Beth Gibbons me recordó a Jason Pierce de Spiritualized: nulo contacto con la audiencia durante casi todo el concierto, ni un “gracias”, ni un “hola”, nada. Por eso me sorprendió que bajara a saludar al público en la última canción. 
 
Dos eslovacas en el Pohoda Festival 2011
Dos anfitrionas repartiendo volantes en el Festival (Foto: David Sánchez)
 
Tomar el tren al día siguiente de vuelta a mi centro de operaciones en Bratislava fue un calvario. La estación de Trencin estaba repleta de gente pugnando por un espacio. Por primera vez, los trenes eslovacos me recordaron a las combis limeñas: la gente hacinada, casi encima el uno del otro; claro que la diferencia la ponían aquellas rubias en pantalones ajustados y faldas cortas de este país exótico. En fin, todo sea por la buena música.
 

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