Crónica del Sinner’s Day en Bélgica

  • Posted on: 14 November 2010
  • By: dsanchez

Bratislava - Bruselas

Llegué a las 14h55 a Hasselt, en un tren procedente de la estación de Bruselas – Sur (Bruxelles-Zuid en neerlandés). Fue un viaje agotador que empezó un día antes en Eslovaquia, con una parada en la capital, Bratislava, en donde me encontré con Jorge, un peruano que había conocido semanas atrás y que se encuentra estudiando, al igual que el Marujatrax Omar Ochoa, Física. 

Con Jorge estuvimos en Casa Inka, un restaurante peruano ubicado en el corazón de la capital, tomando algunas cervezas y degustando un delicioso Lomo Saltado. 
 
Nunca entendí porqué los peruanos en el extranjero extrañaban tanto la comida peruana y ahora los comprendo perfectamente: luego de haber probado comida de diferentes países puedo confirmar que la comida peruana ES inigualable.
 
La noche en Bratislava fue bastante corta pues al día siguiente debía tomar un vuelo en la mañana con destino a Charleroi, una ciudad ubicada a 50Kms al sur de Bruselas. En todo caso, Jorge me llevó al Copacabana, una discoteca de “música latina” en la que me encontré con algunos mexicanos, ecuatorianos y claro, eslovacos. Vísperas de Halloween, algunas personas estaban disfrazadas, en particular las chicas. Las guapas  eslovacas estaban vestidas de colegialas, diablas y vampiras y muchas de ellas bailaban igual o mejor que las chalacas (como para matar ese mito de que las europeas son “duras” para el baile). 
 
A las 09h30 mañana tomé mi vuelo de Ryanair, la línea de bajo costo (€40 ida y vuelta), hacia Charleroi. Llegué a las 11h15 y enseguida compré un pasaje de bus hacia Bruselas (€ 22 ida y vuelta). Las grandes nubes grises-negras en el cielo presagiaban una lluvia que nunca llegó, felizmente. 
 
En el trayecto a Bruselas se podía observar la marcada diferencia entre la zona sur de Bélgica (Valonia) y la del norte (Flandes). En la carretera, las señales de tránsito se mostraban en un inicio en francés, pero al pasar a territorio de Flandes se mostraban sólo en neerlandés. En Bruselas la historia era diferente: Al ser la capital, las señales se mostraban en ambos idiomas.
 
Autopista belga
Ruta R0  Bruselas (Foto: Chriszwolle)
 
Bélgica es un país bastante particular: Además de sus tres idiomas oficiales (también hablan alemán en una pequeña zona al este) y sus doscientos cincuenta tipos de cerveza, sus habitantes se jactan de ser el único de Europa con iluminación nocturna en todas sus carreteras: Es un espectáculo impresionante que hace que este pequeño país (no es más grande en superficie que el Departamento de Lima) pueda ser visto desde la luna.
 
Cerca de las 12h30 llegué a la estación de Bruselas - Sur, luego de aproximadamente una hora de viaje. Inmediatamente fui a comprar un ticket de tren para viajar a Hasselt. Compré un ida/vuelta que por ser fin de semana tenía un descuento: Al final sólo pagué € 12.

Hasselt y el Sinner's Day

Mi tren salió a las 13h30. Llegué a Hasselt a las 14h55. Los belgas dicen que Flandes es la parte rica del país y les creo. Desde que uno baja del tren se da cuenta de eso: solo autos de buenas marcas, precios altos, gente bien vestida, alquiler de cuartos a no menos de €50 la noche (el hostal más barato). En fin, ya estaba en Hasselt, la ciudad donde se desarrollaría el Sinner’s Day
 
Estación de trenes de Hasselt en Bélgica
 
El Sinner’s Day es el nombre del Festival New Wave más grande de Europa,  y en 2010 se celebraba la segunda edición. A pesar de las cancelaciones de Peter Murphy y The Damned por motivos de salud y otros, mi interés en el festival seguía intacto por los conciertos de Echo & The Bunnymen, cabecera del evento, y The Pscyhedelic Furs. Además de ellos se presentaban Marc Almond, Red Lorry Yellow Lorry, Nina Hagen y Poesie Noire, entre otros. Más de quince artistas en un modernísimo recinto, el Ethias Arena, con capacidad para quince mil personas.
 
Desde la estación de trenes de Hasselt tomé un moderno bus que me trasladó gratis hasta el lugar del evento con solo mostrar mi ticket del festival. Ya en el Ethias, me encontré con Philippe, un amigo francés, y Frederike un amigo de él. Ambos llevaban polos manga larga de Sisters of Mercy, un grupo que nunca me gustó mucho pero que parece tener una considerable legión de seguidores en Bélgica. Comí unas papas fritas con ellos y bebí unas cervezas con unos cupones que costaban € 2.5 cada uno. 
 
Lamentablemente me perdí el concierto de Red Lorry Yellow Lorry, pues había sido programado (inexplicablemente) muy temprano, a las 12h30. El primer grupo que vi fue Arbeid Adelt, de Bélgica. No merecen mayor comentario, simplemente no me gustaron y a los cinco minutos me fui. Ellos se presentaron en el escenario principal, un lugar con capacidad para unas 12 000 personas. 
 
A las 17h30 fui con Thierry y otros amigos que habían viajado desde Francia, al “Club”, el lugar  con capacidad para unas 1500 personas en donde se presentaban otros grupos. Allí tocó The Kids, una banda belga de Punk Rock que tiene más de 30 años de actividad. El grupo se entregó en cada canción al público, derrochando energía y buen rock. Al ver la dinámica de la presentación uno no pensaría que los que estaban en el escenario eran músicos que bordeaban los 55 años. Fue la primera sorpresa del Sinner’s Day para nosotros.
 
A las 18h15 se presentó Heaven 17 en el escenario principal. A pesar de un comienzo auspicioso decidí retirarme porque, al igual que Arbeid Adelt, tampoco me convenció. Aproveché el momento para tomar una cerveza y encontrarme con otros amigos: Vicky, una amiga de Gent, su esposo, su hermano y la esposa de éste. Hasta ese momento, en líneas generales, el festival no había convencido. Las ausencias de Peter Murphy y The Dammned comenzaban a hacerse sentir.

Marc Almond

A las 19h45 fuimos al escenario principal para ver a Marc Almond. Este era uno de los conciertos que particularmente quería ver. He seguido a Softcell y Marc desde hace años y siempre me ha impresionado su voz y su presencia en escena. Marc salió al escenario acompañado por cuatro músicos, entre los cuales estaba un pianista e interpretó “Glorious”. Luego vendría una conocida del vocalista de Softcell: “Tears Run Rings”. El público se mostraba bastante entusiasmado y lo estuvo aún más cuando el inglés cantó “Torch”, en una versión memorable. 
 

El concierto hasta ese momento gustaba a todos, pero luego de “Torch” el encanto terminó: Marc cantó algunos temas de su reciente disco, “Varieté”, publicado en junio de 2010 por Cherry Red Records y el público lo desaprobó. ¿La razón? Era un festival New Wave y lo que empezó a ofrecer Marc en ese momento encajaba mejor en un festival de Jazz.  Para empeorar las cosas, en la mitad del concierto, Almond hizo una señal a sus asistentes para indicar que no escuchaba el sonido de los monitores y acto seguido pidió que paren el concierto. Sin embargo, sus músicos siguieron tocando y el cantante debió continuar a pesar de ese inconveniente.
 
El artista interpretó “Jacky” en una excelente versión (para mí) pero igual, el público seguía sin reaccionar. Hacia el final, la mayoría despertó con “Bedsitter”, una de las primeras canciones que escuché del inglés. El verlo interpretar este tema me transportó a inicios de los noventa cuando veía el vídeo junto a Cristian Reaño y otros amigos del barrio. Para los que no lo han visto, “Bedsitter” debe ser, al igual que “Take a chance of me” de Erasure, uno de los vídeos más gay de la historia.
 
Sin embargo, no fue hasta que interpretó su última canción cuando todo el público se ánimo: No podía ser otra que “Tainted Love”. 
Cuando Almond empezó a cantarla me pregunté: ¿cómo se sentirá un artista que da lo mejor de sí, presenta nuevas canciones, se entrega totalmente en el escenario… pero sólo siente una aprobación contundente del público cuando toca un tema que debe haber repetido en su carrera hasta el hartazgo?. Marc terminó su presentación agradeciendo al público y disculpándose: “Lo siento pero no oí nada de lo que canté durante casi todo el set. Gracias, muchas gracias”
 
Luego del concierto tomé un descanso y vi parte final de la presentación de The Fall. Alrededor de las 21h00 fui al “Club” para estar en primera fila para el concierto de The Psychedelic Furs.

The Psychedelic Furs

Inicialmente, tenía pensado grabar el show, pero  ya en el lugar pensé que si era la primera vez que veía a los Furs debía tener puesta toda mi atención en ellos. Sólo tomé algunas pocas fotos porque igual la Sony Cybershot DSC-W180 que tengo es una porquería (¡no la compren!).  Cuando estaba allí, en primera fila, recordé lo que dijo el cantante de Placebo en un concierto en Estrasburgo en 2009 a los que tomaban fotos y filmaban: 

Si van a pasar su vida mirando una pequeña pantalla, van a desperdiciarla. Recuerden, este momento que están viviendo pronto desaparecerá para siempre. No lo desaprovechen.

Como estaba previsto en el programa, Los Psychedelic Furs subieron al escenario a las 21h45 en punto. Habían cinco músicos incluyendo una tecladista, Amanda Kramer, que anteriormente había trabajado con Siouxsie Sioux. En el bajo estaba Tim Buttler, en el saxofón Mars Williams (que está con los Furs desde 1983 – aunque desde 1989 hasta 2005 no participó), en guitarras Richard Good (quien tiene un parecido con Antonio Zelada de Resplandor, pero más alto) y Paul Garisto en batería, quien integra el grupo desde mediados de los ochenta. El grupo empezó a tocar la excelente “Dumb Waiters” y a los pocos segundos salió Richard Buttler, vestido con pantalón, camisa y chaleco negros, y lentes. Richard, al igual que Marc Almond, mantiene intacta la voz que lo hizo famoso, a pesar de los años. Los vídeos de conciertos anteriores que vi en YouTube no le hacen ninguna justicia pues este cantante hasta parece que hubiera mejorado su voz. Simplemente, impresionante. 

Buttler y su gente sabían que estaban en un festival New Wave y tocaron todos sus clásicos. Prácticamente, tocaron la totalidad del “All of this and nothing”, incluyendo canciones como “Pretty in Pink, “Sister Europe”, el himno de los ochenta “Love My Way”, “The Ghost in You” y “Heaven”, entre otros. Este fue sin duda uno de aquellos conciertos en los que se me ponía la piel de gallina con cada canción. No podía creer que tuviera a un par de metros al grupo que me había escuchado una y otra vez desde inicios de los noventa. Todos los temas fueron interpretados magistralmente y Buttler, como en los vídeos, hacía gestos y bailaba como si fuera un jovencito de veinte años, a pesar de que bordea los 55.
 
Delante de mí había una chica que no se cansaba de gritar, saltar y bailar con cada canción. Yo hice lo propio: grité, salté, bailé. En un momento, el cantante extendió su mano a los que estábamos en primera fila y tuve la suerte de tocarla. Ustedes pensarán que soy un fanático de los Furs, pero no, no lo soy. Simplemente, el concierto rebasó mis expectativas y me transportó al pasado, en aquellos días en los que la vida era fácil, en los que simplemente debía hacer las tareas para el cole, sin mayores preocupaciones. Ver “The Ghost in You” en un viejo casete VHS es una cosa, y ver a la banda en vivo es una experiencia de otro nivel.
 
Aquel domingo 31 de Octubre en Bélgica, fui feliz. La felicidad son algunos pocos momentos en la vida, y en este caso particular, una hora. La banda hizo una pausa y volvió para terminar con “India”. Fue un concierto memorable.
 
Apenas terminó el show corrí hacia el escenario principal donde tocaba Echo & The Bunnymen. Luego del concierto de los Furs estaba cansado y sin voz, pero a pesar de eso tenía mucho interés en ver al grupo de McCulloch.

Echo & The Bunnymen

Los Bunnymen dieron un show excelente y al igual que los Furs tocaron muchas de sus clásicas (“Rescue”, “The Killing Moon”, “Bring On The Dancing Horses”, “The Back of Love”), pero a diferencia de éstos el sonido se sentía más moderno (¿se podría decir “Indie”?) que el sonido ochentero en el concierto de Buttler y Cía.
 

Cuando veía a McCulloch recordaba al cantante de la desaparecida banda Oasis y llegué a la conclusión que Liam Gallagher debe ser un gran fan de él, pues tiene todas las poses y vestimentas de éste: estático y aparentemente desinteresado en el escenario, y el mismo corte de cabello, traje y hasta los lentes.
 
Para mí, el clímax del concierto fue la interpretación de “The Cutter”. Fue increíble escuchar a Ian cantar a viva voz:
 
Conquering myself until 
I see another hurdle approaching.
Say we can, say we will, 
Not just another drop in the ocean.
 
Luego de cerca de 50 minutos de concierto el grupo regresó para tocar “Nothing Lasts Forever” y cerrar con una clásica de las discotecas Wave de Lima: “Lips Like Sugar”. Una noche redonda.
 
Siempre califico los conciertos que he visto con una simple pregunta: ¿Volvería a ver a este artista? Si la respuesta es sí, es que el concierto fue realmente bueno. Y en el caso de los Furs y Bunnymen la respuesta es evidente: Definitivamente volvería a realizar un viaje así para verlos (y volvería a dormir en el aeropuerto si es necesario).
 
Fotos del evento en Flickr (excelentes fotos)
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