Echo & The Bunnymen en Lima

  • Posted on: 22 November 2014
  • By: christianlacunza

Nunca pensé que los vería en vivo en Lima.  

Los descubrí allá por el 1986. Sus primeros cuatro discos (Crocodiles, Heaven Up Here, Porcupine, Ocean Rain) me atraparon. Luego vendría el Echo & The Bunnymen, el disco que les permitió alcanzar el éxito mundial.  Me volvieron a deslumbrar con el Evergreen y Siberia. Es un romance de larga data el que tengo con los Bunnymen. Un romance que nació a primera escucha.

Envueltos en un aura sagrada, la banda estrelló sus Meteorites en Lima, una noche de Noviembre y llenó la atmósfera del Centro de Convenciones de Barranco con inciensos altamente psicodélicos.

Echo and The Bunnymen en Lima
Publicidad de Echo & The Bunnymen en una avenida limeña (Foto: Luis Ricardo Huaman)

Cuando el concierto empezó, inmediatamente entré en trance al ver a dos sombras conocidas que se perfilaban sobre el escenario.

Will Sergeant, el guitarrista detallista y de toque fino: elegante cuando tenía que serlo ("Seven Seas", "Nothing Last Forever’) o contundente y altamente psicodélico en otras ("All My Colours", "Over The Wall", "The Cutter", "Do It Clean", "Rescue") construía atmósferas intensas, con ingredientes que tomaba de cortes profundos que hacía en la cronología del Rock and Roll.  Con rasgueos cortantes, fragmentos de ruido blanco, acoples, acordes y finos riffs pseudo-orientales (que salían de su Jaguar y Drop Guitar) llenó la sala Barranquina con un denso incienso psicodélico que evocaba a The Doors, The Velvet Underground, David Bowie, Lou Reeds y The Beatles.

Entre aquellas atmósferas alucinógenas se escuchó la voz de Ian McCulloch, intacta. El frontman se ganó a la audiencia (¿o la audiencia a él?). No lo sé, no me importa; tampoco qué fue primero.  

Echo and The Bunnymen en Lima
La banda durante su concierto en Lima (Foto: Luis Ricardo Huaman)

En sus letras ruega por el rescate de su alma.  Con la desfachatez de Lou Reed, nos cuenta que todo ha de hacerse limpiamente, que si encuentras el amor que has buscado no puedes parar, que la gente es extraña cuando tú eres extraño, que hay cuchillas esperando, besa caparazones de tortugas mientras navega siete mares, cruza cielos tormentosos, pinta románticos y crueles besos bajo la luz de una luna, atraviesa anillos de fuego, besa espejos y labios de azúcar, y sobrevuela terrazas desiertas, atraviesa tormentas oceánicas y se hunde entre las olas.  Quizás Ian sea uno de los mejores letristas de su generación.

Todo este paisaje de imaginaria propia se entremezcló con citas a los héroes de antaño antes mencionados, mientras que la voz de McCulloch me recordaba por momentos a David Bowie y Jim Morrison. ¡Reencarnación! pensaba yo, en medio del trance. Me sentía completamente fascinado como aquel barco ebrio de Rimbaud, navegando en un mar y bajo un cielo que los Bunnymen coloreaban e incendiaban.  

Para mi gusto, el clímax de la noche fue "Over The Wall", un tema que Will aprovechó bien para sacar a relucir todas sus armas, para darle forma a un momento en el tiempo que se vuelve monumental.  Con buen gusto e instinto asesino, Sergeant supo cómo prolongar este tema haciéndolo ascender in crescendo sobre la base rítmica minimalista y contundente que le aportaba el resto de la banda.

La ceremonia acabó con Ian dedicando unas líneas de "Take A Walk On The Wild Side" a uno de sus héroes: Lou Reed, y luego, tomando un paseo en la casa rodante de Morrison,  el trance llegaría a su fin: fin del viaje y desintegración del Meteorito que iba dejando un aura azul en todo el escenario.

"Nada dura para siempre", pienso, y me voy, contento.  

Qué regalo impagable.  No es común ver en una sola noche tantos paisajes tan bellamente oníricos en los que brilla la luz de lunas asesinas, se clavan besos crueles cual cuchillos, caballos danzantes galopan y te invitan a dar un paseo por el lado salvaje y a beberte una cerveza en la casa rodante de jimbo.  Estuve donde el trueno retumbaba y besé espejos y labios de azúcar.  ¿Qué más se le puede pedir a la vida? Quizá, que se vuelva a repetir una noche como ésta.  

Hasta pronto, Echo & The Bunnymen.

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