El alma viaja en corcel azul

Para una mujer de ojos verdes;
que siempre me espera, aunque
la urbe esté en llamas…

Huye el alma
Herida
Va loba presurosa
Buscando
Quizá
Un refugio
Cálido
Donde descansar
Sus huesos etéreos
Se tiende agónica
Sobre
La ardiente tierra
Esperando
Que el reloj inexistente
Deje
De mover las manecillas
De madera
Mientras el aire
Ebrio
Lanza soplos
Gélidos
Sobre la piel del entorno
Allá
Donde hombres
Tristes
Caminan autómatas
Vestidos de ropajes
Raídos
Llenos de colores
Oscuros
Que rompen
El sempiterno corazón
Infinito
Del viejo decrepito
Que iracundo
Se levanta
La camisa cósmica
Mostrando altivo
La bóveda celeste
Donde
Una luna grita
Ebria
Su contento
Un sol alucinado
Lanza
Rabietas incansables
De luz
La loba llora
Sangre
Cuando aborda
Una vieja nave
Llena de velos
Del olvido
Construida
Por seres insepultos
Que un día ya
Muerto
Se internaron
Entre las venas
Del desconsuelo
Luego
Intenta perderse
Toda
Realizando
Un viaje sobre el río
De lava feroz
Donde las extrañas sombras
Se convierten
En caras desolladas
Que vierten lágrimas
De aceite
Cuerpos amorfos
Que aúllan
En busca perpetua
De la forma
Hombres mutilados
Nadan sobre el fuego
Gritando
Como ovejas destinadas
Al sacrificio
De algún dios loco
Mujeres lujuriosas
Que gimen
Sus placeres reprimidos
Mientras muestran
Sus suculentos cuerpos
Esperando…
Ser poseídas
Por algún ser de barro
De ojos fosforescentes
Entes obsesos
Que se hunden todos
Sobre la báscula
Implacable
De la tierra
Encendida en llamas
Allá lejos…
Hay un hombre viejo
Que tímido saluda
Mientras un sable
Extraviado
Le separa la cabeza
Del corazón muerto
Un sonido fuerte
Rompe el cristal
Del cielo
Donde no hay oídos
Presentes
Mientras el eco
Rebota
Sobre la epidermis
De los planetas
Borrachos
De tanto movimiento
Son plegarias
Tristísimas
En vuelo perpetuo
Que se lanzan
En parvadas
De pájaros embotados
Que se pierden
Sobre los puntos cardinales
Haciendo piruetas
Sobre el lomo del infinito
Buscando un espíritu
Rebelde
Que un día cualquiera
Escapó
De la cárcel ósea
De un individuo
Que descansa su humanidad
En un asilo
Para dementes
De una ciudad grande
Donde los rascacielos
Vuelan
Naves de metal
Hacía el infinito
Allá donde…
Algunas estrellas
Cantan planetas
Siempre
Se bañan con jabones
De lunas
Mientras se secan
Sus cuerpos azules
Con toallas
De polvos cósmicos
Hay un alma fugitiva
Que monta el caballo
De las nubes
Extraviada
Entre el torrente sanguíneo
Del universo
Se puede localizar
Las noches
De luna llena
Cuando un relincho
Se escucha
Entre las sucias calles
De concreto
De una ciudad muerta
Allá en una habitación
Desnuda
De un viejo manicomio
Manierista
Se encuentra
Un cuerpo vacío
Que esquizofrénico
Llora alucinaciones
Diario
Se convierte de noche
En antigua posada
Esperando
Hospedar entre sus paredes
De adobe
Al inquieto jinete
Dueño
De un potro azul
(Ave del cielo)
Que un día lluvioso
Partió
Sobre los ríos de ensueño
Para nunca
Volver…

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